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José Vicente Peiró

Sola en el escenario y frente a los medios audiovisuales, la valenciana Victoria Enguídanos crea un monólogo que no deja indiferente por su tema, por el tratamiento y por su puesta en escena. Aunque no es una autora que se prodigue, sus trabajos son flechazos en la mente del espectador. Recordamos su obra ‘Dependencias’, estrenada en Carme Teatre en 2014, donde trataba el tema de la drogadicción y su capacidad de destrucción y sustracción de la voluntad y la personalidad al ser humano.

En esta misma línea tan suya y con su estilo de pocos medios, pero muy comunicativo gracias a la fortaleza interpretativa del texto, sumamente cuidado y penetrante, ‘No se lo digas a nadie’, estrenada en Sagunt y ahora ofrecida en la sala Inestable, aborda con sinceridad y crudeza el problema de los abuses sexuales a menores. Enguídanos desnuda posibles experiencias individuales que permanecerán ocultas de por vida en quienes las han padecido y que quedarán como un trauma psicológico, cuando no físico, para siempre. Otras situaciones dramáticas pueden conocerse y ser admitidas socialmente, pero en el caso de los abusos a menores y la pederastia quedan en la oscuridad y ocultos por una sociedad que mira de soslayo al asunto sin atajarlo ni aliviar a quien lo ha padecido. Y como en ‘Dependencias’, además de concienciar, Enguídanos propone una solución: la comunicación afectiva.

Para ello, sitúa en paralelo y de manera alternada la historia de una madre que padeció abusos con su hijo pequeño y una terapia de grupo donde ella participa junto a otras personas que han los han sufrido también. La incomprensión necesita alivio, porque afecta al individuo y a su relación con los entornos familiar y social. De manera muy convincente, Enguídanos es el personaje: necesita vivirlo para poder ofrecer la angustia de esa realidad, desde la desconfianza en el entorno hasta la transmisión de la experiencia.

Así, se alternan los diálogos con el hijo, mirando ya hablando ella hacia bastidores, y con los  tres personajes ausentes de la terapia en sillas vacías perfectamente iluminadas con distintos colores. Todos relatan o contestan con voz en off. Al comiendo del desenlace de la obra, los tres aparecerán en imágenes donde relatan sus experiencias, interpretados por Xusa Arrufat, Paula Peña y Manuel Ruizarte. Esta unión entre lo audiovisual y la interpretación solitaria permite que la obra tenga un sentido colectivo y le da fuerza a su estructura. Hay momentos inquietantes, subrayados puntualmente como cuando, desesperada, ella apunta al público con una pistola.

La tonadilla de la canción ‘Kiko y la mano’ que canta Enguídanos abre un camino hacia el optimismo. El problema tiene solución si desterramos el silencio. Y es lo que le queda al espectador de esta obra valiente, enérgica, dramática y extraordinariamente interpretada. Su fortaleza le permitirá ser recordada. Esas sillitas…