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El Emperador de la Atlántida

o La abdicación de la muerte

 

Irène Sadowska

 

Música:Viktor Ullmann. Libreto: Peter Kien. Director de escena: Gustavo Tambascio. Director musical: Pedro Halffter. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Figurinista: Jesús Ruiz. Iluminador: Felipe Ramos. El emperador Overall:Alejandro Marco-Buhrmester. El altoparlante: Martin Winkler. La Muerte:Torben Jürgens. Arlequín:Roger Padullés. Un soldado:Albert Casals. Bubikopf:Sonia de Munck (Jun. 10, 12). Ruth Iniesta (Jun. 14, 16, 18). El tambor mayor:Ana Ibarra. Intérpretes: Blanca Portillo, Helena Dueñas, Javier Ibarz, Rodrigo Poison, Lander Otaola, Elena González, Ainara Aristegui, Resu Morales, David Tenreiro, Fernando Ustarroz. Bailarinas: Cristina Arias, Carmen Angulo. Estreno absoluto en el Teatro Real de Madrid, del 10 al 18 de junio 2016. Coproducción con la Maestranza de Sevilla y El Palau de les Arts de València.

 

La música para resistir y sobrevivir

Para terminar la temporada 2016 / 2017 el Teatro Real de Madrid ha propuesto un ciclo de obras y conciertos titulado "Bailando sobre el volcán" en el que se podía descubrir, entre otros, dos óperas Brundibar y El Emperador de la Atlántida o La abdicación de la muerte de Viktor Ullmann (1898 – 1944), discípulo de Arnold Schönberg, compuestas en el campo de concentración de Terezin, donde el compositor fue internado en 1942, antes de haber sido exterminado en Auschwitz en 1944.

En El emperador de la Atlántida, Viktor Ullmann perfila un retrato de un tirano sanguinario, caricatura del dictador nazi Hitler, quien declara una guerra total contra la que la muerte se rebela, porque rechaza participar en esta matanza industrial. Si nadie puede morir, la guerra no tiene ningún sentido.

La creación de la opera fue prohibida en Terezin. Gracias a la reconstitución de la partitura por el compositor y director inglés Kerry Woodward, El Emperador de la Atlántida fue estrenada en 1975 en Ámsterdam, con el libreto original de Peter Kien, exterminado también en Auschwitz.

La ópera compuesta en el campo de Terezin para una pequeña orquesta ha sido recreada en el Teatro Real de Madrid, con una nueva orquestación de Pedro Halffter, director musical de la producción.

En esta nueva versión, la opera muy breve de Viktor Ullmann está precedida por un prólogo compuesto de El canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke de Reiner Maria Rilke, con la música de Viktor Ullmann, y de dos piezas : Adagio in memoriam de Ana Frank y Pequeña obertura para El Emperador de la Atlántida con la música y la orquestación de Pedro Halffter basadas en la Sonata para piano n° 7 de Ullmann.

El texto de Canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke de Reiner Maria Rilke está interpretado, con sencillez y gran emoción, por Blanca Portillo.

Gustavo Tambascio aborda esta sátira grotesca y surrealista de la tiranía con un humor vitriólico, ya que concibe la visión escénica de la obra como un cuento filosófico macabro con un happy end.

En El emperador de la Atlántida hay resonancias musicales de la época de los años 1920 y 1930, con referencias a la música de Kurt Weill, de Josef Suk, de Hindenith, de Stravinski, de Eisler, a la música del cabaret berlinés, al jazz, entrelazadas con varias citas musicales desde un himno coral luterano, un vals de Strauss o la cita reiterativa de La sinfonía de Asrael de Josef Suk que evoca el Ángel de la muerte. Este eclecticismo musical refleja el ambiente cultural cosmopolita, la efervescencia artística y las convulsiones políticas de la época de entreguerras.

La nueva versión de la opera propuesta por Pedro Halffter para una gran orquesta, cuenta con 7 cantantes, 9 actores y 2 bailarinas que actúan en intermezzos entre las escenas.

En la primera parte del prólogo, la narradora Blanca Portillo aparece arriba del escenario y mientras desciende dice el texto de Reiner Maria Rilke, al mismo tiempo que la orquesta interpreta la música. En la segunda parte del prólogo Adagio in memoriam Ana Frank, 9 personajes que evocan a los judíos con vestidos de años 1930, unos con maletas, pasan por el fondo de la escena, sin decir una sola palabra, como una pantomima, mientras se proyecta detrás de ellos un texto que explica lo que fue Terezin. Los personajes se van, y después regresan con sus maletas como si estuviesen llegando al campo de Terezin.

Gustavo Tambascio recurre al distanciamiento, puesto que inicia la representación de la opera con un personaje presentador de revista quien, vestido de bufón, anuncia "Ahora vais a ver la opera El emperador de la Atlántida".

En el escenario, en cuesta con un suelo rojo y una puerta en el fondo, aparece el Arlequín quejándose de su vida triste, aburrida, discutiendo con la Muerte que lleva un vestido negro y una mascarilla semejante a las mascarillas africanas. Ella protesta contra el trabajo insoportable que le proporciona la guerra total declarada por el dictador y rechaza colaborar en su masacre industrial.

El dispositivo escénico se modifica formando dos planos: arriba, el campo de guerra; y abajo, un búnker del dictador, con muros de hormigón, mientras que en el fondo a la derecha, una gran puerta blindada como una enorme caja fuerte. Cuando el dictador pregunta a su ayudante cuánto fosfato se ha recuperado con los muertos, tras la puerta que se abre aparece un montón de enormes sacos. Este humor macabro jalona las situaciones escénicas.

El dictador lleva un largo abrigo militar de cuero verde y una corona con una serie de picos, y su ayudante militar lleva un vestido de bufón de color caqui.

En el búnker del techo, están suspendidos los auriculares que a veces no funcionan y con los que el dictador se comunica con el mundo.

Sin integrarse en las acciones, el grupo de judíos con abrigos largos grises, semejantes a las sombras o fantasmas, caminan, algunas veces, por en el fondo de la parte superior del escenario, con lo que se evoca así a los reclusos en el campo de Terezin.

En el medio plano del escenario hay una gran rueda inmóvil, con cifras y señales enigmáticas, que representa un reloj, y que inicia su marcha en la última escena, cuando el dictador acepta seguir a la Muerte, tras haber dicho "No he acabado por lo tanto."

Así se recupera la normalidad: la Muerte actúa matando con su propio ritmo. Todos le agradecen que les haya liberado de todos los males.

El cuarteto final canta "No usarás el nombre de la Muerte en vano ni ahora ni nunca”. Todo en la puesta en escena de Gustavo Tambascio funciona con la precisión de un reloj suizo. Tambascio logra aquí la alquimia perfecta de la ópera y del teatro. Y sobre todo, en su opción dramatúrgica, se destacan con contundencia el amor a la vida y la fuerza de la resistencia de los quienes lucharon, con las armas del arte, contra la monstruosidad de la "solución final".

 

 

 

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