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El circ de la frontera

Remei Miralles 

Doce actores de ocho nacionalidades interpretan los siete textos autónomos identificados con el título El circ de la frontera. Son actores no profesionales, estudiantes del proyecto Escena Erasmus de València. Un proyecto con siete años de rodaje, surgido en València como una iniciativa única en Europa, para que el teatro universitario sea mucho más que teatro cada año. Al poco tiempo de implantarse, este proyecto ya se consolidó como una plataforma teatral estable y con proyección internacional, puesto que se le reconoció el mérito de su labor creativa con el Premio Carlomagno de la Juventud del Parlamento Europeo en 2011.

Cada curso requiere una nueva idea de teatro, un nuevo montaje que empieza a prepararse ya desde el mes de octubre, con las pruebas del casting a las que acuden alumnos venidos adrede a València, porque saben de la existencia del programa Escena Erasmus. De las trescientas solicitudes de inscripción presentadas, todos saben, desde el primer momento, que el máximo posible de admitidos para formar el grupo Escena Erasmus será de unas veinte personas. Un grupo multilingüe e intercultural que interpretará unos textos escritos en las lenguas cooficiales, aunque utilice recursos de otros idiomas.

Cuando el grupo ya está constituido, se inicia la formación actoral de los intérpretes con un mínimo de ocho horas semanales, y también se empiezan a proponer, siempre a iniciativa de quienes integran el grupo de estudiantes, las temáticas sobre las que configurar la escritura de los textos.

En la propuesta de este año ha habido unanimidad en llevar al público el drama humanitario vivido en las fronteras de Europa, con una estética capaz de hermanar los lenguajes del circo y del teatro. A partir de ese momento, en paralelo, se trabaja con profesionales y especialistas para crear la obra que los actores aficionados universitarios estrenarán en los meses de mayo o junio, cuando finalice el curso académico.

El montaje de este año ha sido dirigido por dos mujeres: Anna Marí, en la dirección escénica y de voz, y María José Soler, en la dirección de movimiento y expresión corporal. Excelente dirección y excelente trabajo de los equipos de profesionales con los que han contado, para que la interpretación y la puesta en escena haya sido también, cómo no podía ser de otra forma, versátil y excelente.

Las dificultades de la temática y de los diferentes lenguajes las han sabido afrontar, quienes integran este proyecto, con el atrevimiento de la intuición creativa, consciente e inconsciente, para expresarnos las tensiones de la realidad inhumana que se vive en las fronteras –dentro y fuera-, con unas formas realistas de belleza, ironía, símbolos y metáforas. Un gran logro, puesto que han conseguido equilibrar en forma poética, lo que en el fondo no es más que una ruptura moral, dramática e inhumana de la realidad que se vive en las divisiones fronterizas.

Y es la realidad de la vida de miles de personas, despojadas de su identidad de seres humanos, obligadas a padecer el ensañamiento. Una realidad que se ha convertido en el único suelo que pisan sus pies y en el único cielo  sobre sus cabezas. Ahora bien, el circo y el teatro son mágicos, y con el poder de la alquimia de la palabra y de las artes escénicas, esta realidad se expresa como danza, como canción, como doma de caballos, como saltos, como frenética competición, como comunidad de aves que sobrevuelan los espacios sin fronteras y como lugar de encuentro en el que vivir o morir.

Cuerpo, canción, risa circense y palabra configuran una estética postexpresionista, para acercarnos desde la comodidad de nuestro encerrado continente la intemperie del otro lado de la tierra y de los mares: el lugar donde los inocentes no encuentran ayuda, ni divina ni humana. Con el contraste de dos presentadoras: la cómica y la seria, se tejen los puntos de unión de la coordinación dramatúrgica con los que se enlazan los siete textos que componen este circo: una escritura de autoras y autores valencianos de diferentes generaciones y estilos dramáticos. 

La excelente dirección y coordinación dramatúrgica ha sabido potenciar los textos, ya que la palabra adquiere el ritmo del lenguaje del teatro y del circo en una armonía de estética sublime que se refuerza además, como cuando se escucha la copla de Carlos Cano El Salustiano, el pasodoble de Juan Carlos Aragón Con todo mi cariño, se danza y canta El ball de la civada y se invita con la canción de Jaume Sisa Qualsevol nit pot sortir el sol. Unas palabras con diversos enfoques de la temática del drama que se vive en las fronteras, pero que algo tienen en común todas ellas, ya que logran ironizar la impostura de la intelectualidad, de la política, del marketing de las multinacionales y, sobre todo, denuncian la usurpación de los derechos humanos.

Lo más sorprendente es haber querido mostrar esta realidad con las técnicas del circo; aunque si bien se piensa, era la mejor manera de escenificar la lucha heroica por sobrevivir, con la risa irónica circense, la de quienes se saben nacidos con el lenguaje que se enfrenta al dominio que aniquila. Y en València hay mucha tradición con la que contar, como la del Circ Gran Fele, que les ha asesorado en cuanto han necesitado. La escenografía de vallas, el maquillaje de austeridad, el vestuario de arena de circo y frontera, los equilibristas, las aves y los caballos, la iluminación, la música en directo… nos representan los gritos y los movimientos del sufrimiento con la palabra, la música y la poesía.

Este proyecto no acaba con el estreno de la obra en València porque inmediatamente inicia una gira por dieciocho pueblos. Con ella se pretende dinamizar la idea de que Europa la tenemos que construir desde las raíces. En cada uno de los lugares se realizan actividades de conocimiento del medio y del patrimonio artístico y cultural con la finalidad de establecer lazos de interculturalidad. Todo ello es posible porque para promover y ampliar la gira del montaje, se creó ya hace cuatro años el programa denominado “Las Pequeñas Europas” a iniciativa de Escena Erasmus de la Universitat de València y el Àrea de Cultura de la Diputació de València. 

Si no han visto aún la obra, la podrán ver en: Ademuz, Gandia, Villar del Arzobispo, Riba-Roja de Túria, Ontinyent, Quart de Poblet, Fontanars dels Alforins, Camporrobles, Alfarp, Macastre, Vallada, Emperador, L’Eliana, Llanera de Ranes, Requena, Polinyà de Xúquer, Cofrents y Ròtova. Y regresará, de nuevo a València, en el marco del Festival Internacional Tercera Setmana.

Una obra que habrá que ver y volver a ver, porque han creado realismo mágico con el sufrimiento de quienes pierden hasta la naturaleza de seres humanos. Pidan, compren o reserven la entrada, porque el trabajo de todo este equipo se merece aplausos, y muchos.