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Dos delirios sobre Shakespeare

Dos monodramas: Próspero: Scena y Julieta en la cripta

 

Irène Sadowska

Un OVNI teatro – musical.

José Sanchis Sinisterra es un gran aficionado a los desafíos artísticos y a las aventuras arriesgadas, por excelencia; y Alfredo Aracil, el compositor, también.

Con Dos delirios sobre Shakespeare han creado un género nuevo que no es teatro, ni opera, ni melodrama aunque recurre al lenguaje dramático y lírico sin, por lo tanto, fusionarlos. Es literalmente un OVNI drama- musical con actores, cantantes y una pequeña orquesta.

Pero el resultado me deja escéptica: algo disfunciona en la obra, que queda abstracta; no así, las lecturas nuevas y "delirantes" de los figuras shakesperianas de Próspero de La tempestad y de Julieta de Romeo y Julieta que son realmente innovadoras y contemporáneas.

El libreto de Dos delirios sobre Shakespeare a modo de dos monólogos, sin ningún tipo trama entre ellos, está compuesto de variaciones literarias sobre Próspero y Julieta.

En la versión de José Sanchis Sinisterra, los dos monólogos solo se relacionan entre sí con la música. La música como fuerza mágica, imaginaria.

Próspero (Manuel de Blas) -¿Aquí es un demiurgo o un pobre actor loco?- que se presenta como un hombre degradado, achacoso y ciego, pero que no obstante parece tener poderes sobre una música imaginaria (...), y que cuando esta escapa a su control, su magia se desvanece.

Con Julieta (Irene Bau), Sanchis Sinisterra toma también algunas libertades, pues imagina que ella no ha logrado suicidarse con la daga, y que desde hace 30 años sigue viviendo en la oscuridad de su cripta en compañía de sus recuerdos y de una música imaginaria.

Próspero se dirige a los personajes invisibles : Caliban, Ariel, su hija Miranda. En la escena, en su isla teatral, hay solo una silla, libros y un gran saco con algunos atrezos.

En la escena de Julieta, dos ataúdes: uno abierto, del que se levanta Julieta para dirigirse a Romeo, en el ataúd cerrado. Habla de su soledad, de su encuentro con Romeo, de sus ilusiones perdidas, de su vida que podría ser diferente, feliz.

En la dramaturgia escénica la música es el protagonista fundamental de la obra. La orquesta : un violín, un violonchelo, un acordeón, una trompa, dos clarinetes, un saxo, las percusiones y tres madrigalistas, todos situados en la escena, dialogan con Próspero y Julieta. 

El trío de madrigalistas (soprano, contratenor, tenor), con la partitura vocal inspirada en las composiciones del madrigalismo inglés de la época de Shakespeare, interpreta el papel de corifeos anónimos que a veces expresan los sentimientos de Próspero y de Julieta, y otras veces dialogan con ellos o comentan sus sensaciones.

Como siempre en los textos de José Sanchis Sinisterra, en Dos delirios sobre Shakespeare, hay muchas referencias teatrales, mucho humor y un tono irrisorio en lo trágico.

Irene Bau como Julieta es perfecta en su registro ajustado con la parte musical. En cambio, Manuel de Blas en Próspero abusa del tono patético, grita su texto, hasta tal punto que sus palabras, en competencia con la música, se vuelven incomprensibles.

Falta emoción en este espectáculo que tiene algo del ejercicio de estilo.