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José Vicente Peiró

El interesante proyecto ‘Graneros de creación: Borders &Ports’ está destinado a la dramaturgia valenciana. Lo impulsan en colaboración las salas Rambleta e Inestable, con doce trabajos a desarrollar durante los dos próximos años. Uno de esos proyectos sólidos que nace de la necesidad de alimentar la escena valenciana en crisis. Después  de la primera obra, ‘Orán’ de Eva Zapico, exhibida en la sala Inestable, ha ofrecido su segunda semilla, el ‘thriller’ psicológico ‘Desde el infierno’ de Jerónimo Cornelles.

Y lo ha hecho con brillantez. Cornelles toma como punto de partida la película homónima sobre Jack el Destripador protagonizada por Johnny Deep, y la lleva al siglo XXI. Un abogado y el acusado de asesinar a cinco mujeres, quizás once, se sitúan cara a cara. Pero la historia sólo tiene que ver con la película en su fundamento y en la pregunta de por qué los hombres matan a las mujeres, y no al revés. También existe una reflexión sobre el éxito en nuestra sociedad actual urbana. El abogado ha perdido dos juicios y no está dispuesto a otro fracaso por lo que trata desesperadamente de saber si su cliente fue el asesino. Pero nada es lo que parece, y ahí está lo interesante de la propuesta.

Las citas cinematográficas de referentes criminales llenan los medidos diálogos, como la propia película del título, ‘El silencio de los corderos’, ‘El club de la lucha’ (se cita en el momento exacto del giro argumental más decisivo para el desenlace), e incluso ‘Alien’, por el metafórico enfrentamiento de la heroína protagonista –mujer- con el monstruo espacial, o la irónica a Superman. Con habilidad para la acumulación de variaciones argumentales con datos escondidos y visibles, se provoca la ramificación de las significaciones del texto, creando un juego en los diálogos lleno de riqueza, ingenio, dobles posibilidades y una medida ambigüedad constante y viva hasta la última escena. Al fin y al cabo, nada es lo que parece, y en esta competición de apariencias está la riqueza de la obra.

Es muy destacable la integración del texto y el montaje escénico. El cuadrilátero central boxístico con los espectadores a su alrededor es un acierto. En él, se desenvuelve con solvencia una de las mejores parejas de actores de nuestra escena, Rafa Alarcón y Jerónimo Cornelles. Como en otros montajes, su compenetración y su sincronización son perfectas, sobre todo en las acciones y en la manera de construir el puzle de la mente del psicópata asesino... o asesinos… o quién sabe.

La música de David Alarcón, inquietante y dando un fondo perfecto, los juegos cromáticos de la iluminación y el dominio del rojo en ella y en la utilería, sobre todo las cajoneras y los recortes del cuadro de Kandinsky, aunque existan derivaciones hacia el negro, pondrán el granito de arena a un montaje que fascina y que mantiene en vilo al espectador hasta atraparlo, no ya por el hecho de conocer si el acusado es el asesino, sino por el entramado de giros argumentales y el magnífico duelo de los personajes. Es significativa la puesta en marcha de estos efectos por los propios actores, sobre todo por el personaje del acusado (Cornelles), y la construcción de un mundo imaginario sobre el que se desarrolla la acción.

Pero no debemos olvidar la dirección de Isabel Martí. Eficaz, brillante, medida y sabia en la conjunción de todos los elementos escénicos, huyendo de efectismos vacuos y subrayando la sobriedad sin restar al texto la atención que merece y los devaneos psicológicos de los personajes. Martí es un nombre al que conviene seguir en la escena valenciana.

Una creación muy lograda y conjuntada, que merece la pena y que abre la puerta de la esperanza al proyecto conjunto de Inestable y Rambleta. Secuestra al espectador.