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(Remei Miralles) Teatro gallego, con la compañía Chévere, en la ciudad de Valencia para iniciar la temporada teatral del 2015, del 11 al 13 de septiembre, en Espacio Inestable. Chévere presenta, de momento y en nuestra ciudad, la primera de las piezas de la trilogía Citizen, la que nos sitúa ante dos hechos históricos de 1975 que acontecieron con una cierta proximidad temporal: la muerte del dictador Franco y la apertura de las primeras tiendas de Zara en A Coruña.

Nos encontramos ante el final posible de la represión y el inicio de las ilusiones, con dos personajes ficticios que coinciden en un encuentro casual. Uno es el dueño de una tienda sin inaugurar, y la otra, una joven manifestante antifranquista que busca refugiarse en la tienda de aquel. Con esta pareja ocasional, se ha enlazado una acción que pretende fabular el éxito de la visión comercial de un antiguo vendedor que ha logrado independizarse para abrir su propio negocio. Alguien que se nos muestra con demasiada confianza en sí mismo, propia de la mentalidad americana, la que es capaz de hacer que se cumplan los sueños, aunque para ello no viva más que en un mundo ideado por y para sí mismo.

Citizen no cambia de título para cada una de las tres obras que configuran la historia ficticia de Arsenio Ortigueira, basada en un personaje real (A. O.), ni tampoco cuando la representan en la versión completa de cuatro horas. A modo de excusa y con un paralelismo ficticio con Citizen Kane de Orson Welles, se inicia esta historia inventada del magnate gallego del vestir, quien, con una marca de tienda de vestir, rompió los esquemas imperantes de la moda de entonces, hasta generar la cuarta fortuna del mundo.

El punto de partida temporal de la acción, en esta primera parte, no es otro que el último cuatrimestre de 1975, hace ya cuarenta años, cuando no teníamos más que mucha miseria acumulada por tantos años de dictadura, y en ningún momento se traspasa aquella esfera temporal; sin embargo la acción nos conduce, con mucha astucia irónica, al final temático de esta obra, cuando seguíamos -y seguimos- siendo pobres y con cada vez menos derechos y libertades en nuestro mundo de globalización.

Las consecuencias de aquel entonces se nos muestran como los preliminares de nuestro mundo actual globalizado, en el que la pobreza crece de forma exponencial frente a la concentración de la riqueza. De este modo, las fracturas sociales y la desprotección no dejan de crecer. Esta temática, probablemente, cohesionaría la trilogía ya que, aunque nos queda por ver la segunda y tercera parte, es lo que nos sugieren estas palabras del programa: “Citizen se convierte en una buena disculpa para hablar, ironizar y cuestionar los efectos de la globalización en relación con nuestras identidades individuales y colectivas”.

Desde luego que la ironía marca la tensión dramática de la obra, desde el inicio hasta el final, para que nadie se olvide de que con este recurso literario Chévere ha creado un teatro no verosímil, con la suficiente distancia imaginativa, que hasta consigue crear la verosimilitud del teatro en la verdad de los detalles ficticios. Detalles logrados con diferentes recursos como son las grabaciones, la publicación en la prensa, los soportes de publicidad de la época, las filmaciones en vídeo o los trazados en el encerado del suelo. Con el uso de esta variedad de códigos de comunicación se nos permite una mejor comprensión del lenguaje de sueños y realidad que enfrenta a los protagonistas en un antagonismo que no deja de crecer.

Un antagonismo de percepciones que da paso a varias superposiciones de planos en el escenario. Oímos las conversaciones de una entrevista que presenta diferentes tonalidades del idioma y de los sentimientos, al mismo tiempo que la presenciamos como dos realidades diferentes: la que se está interpretando muy cerca de los espectadores y la que se está grabando, a la vez, y proyectando en el fondo del escenario. Lo próximo y la distancia física de los deseos que hacen bailar las historias de dos desconocidos.

Manuel Cortés y Patricia de Lorenzo son los protagonistas que interpretan a los personajes narradores y a los personajes de la acción, en un escenario sin rastro de decorados. Ellos nos acercan la lengua gallega aunque sea en las tonalidades y los parafraseos. Sobre todo ella, que como siempre le recrimina el otro personaje que no habla gallego, nunca para de hablar. Una manera muy sutil de reflejar la presencia de las lenguas y las relaciones personales. Como así lo es el final de la obra, sin transición e inesperado, en el que la mujer vendedora-consumidora de ropa o maniquí nos sugiere una identidad imaginaria para la mujer. Una crítica sutil y necesaria para rechazar esa mentalidad machista, de antes y de ahora, convencida de que la mujer no es más que un dominio personal

Chévere es un referente del teatro gallego comprometido con la lengua y la cultura que mereció el reconocimiento del Premio Nacional de Teatro en 2014. Una identidad gallega que siempre se nos comunica aunque estemos ante la interpretación de una versión en lengua castellana, la que nos da la oportunidad de conocer, en Valencia, sus propuestas escénicas. En su tierra y también en los otros escenarios nacionales e internacionales en los que actúan, son muy queridos. Con una trayectoria profesional de varias décadas son una compañía que se centra en la creación colectiva y participativa para presentarnos sus propuestas escénicas, muy arraigadas en la actualidad y en las oportunidades que ofrecen los recursos tecnológicos.

Aunque se tendría que haber hecho lo imposible porque llegasen mucho antes a nuestra ciudad, esperamos que la despedida sea hasta muy pronto.