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Vincular el teatro a una identidad ciudadana.

Conversación con Fernando Sánchez Cabezudo, fundador y director de Kubik Fabrik en Madrid.

Irène Sadowska Guillon

En 2010 Fernando Sánchez Cabezudo, actor y director de escena ya reconocido en el paisaje teatral, ha recuperado con su compañía Kubik Fabrik el local de una antigua fábrica de cartones en un barrio popular periférico del Sur de Madrid, y la ha convertido en una de las salas independientes más destacadas de la capital.

Un espacio de creación contemporánea, de producción y de programación de formas escénicas diferentes: teatro, danza, espectáculo musical, circo…

Desde hace cinco años Kubik Fabrik fideliza varios tipos de público, no solo de su alrededor sino también del centro de la capital.

La estrategia de la política artística de Fernando Sánchez Cabezudo consiste por un lado en arraigar el trabajo de Kubik Fabrik entre la vecindad (el público local es mayoritario, un 62%) y por otro lado desarrollar  proyectos comunes con teatros madrileños importantes (Teatro de la Abadia, Teatro Español, CDN…) y emprender intercambios con compañías en el extranjero.

Actor, director de teatro, emprendedor cultural, Fernando Sánchez Cabezudo (1979) comenzó su experiencia teatral desde joven, trabajando entre París y Madrid con la compañía La Espada de madera. En 2000 entra en el Laboratorio de formación escénica del Teatro de la Abadía de José Luis Gómez y luego se integra en la compañía de la Abadía en diferentes montajes.

Ha sido dirigido entre otros por Herman Gené (Desmontando a Shakespeare), Luis Miguel Cintra (Comedia sin título), Marta Torres (El pequeño hombre), Alex Rigola (Ubu rey) o Pedro Álvarez Osorio (El clavel y la espada).

En 2005 emprende su propio proyecto con su espectáculo Metro cúbico con el que ha girado por dieciséis países. En 2007 recibe por este espectáculo el Premio de Jovenes Creadores de la Comunidad de Madrid.

En 2010 funda la sala Kubik Fabrik en el barrio popular de Usera en la periferia de Madrid con la misión de vincular cultura con identidad ciudadana.

Irène Sadowska Guillon – ¿Como nació la compañía Kubik Fabrik?

Fernando Sánchez Cabezudo – Kubik Fabrik nació con un espectáculo, Metro cúbico, en 2005. Un espectáculo muy minimalista, sin palabras. Fue un experimento de intentar crear las cosas por mi cuenta, no depender de ningún director que me impusiera una propuesta sino seguir mi propio camino, desarrollando una estética muy particular.

Consiste en crear la dramaturgia desde una imagen. Es un trabajo bastante complejo que tiene como punto de inicio imágenes, escenografías.

En el caso de Metro cúbico es un cubo de un metro y medio en el cual sugería una serie de sucesos.

La estética que funda los espectáculos de Kubik Fabrik tiene como ingredientes: expresión gestual, vídeoproyecciones, espíritu del surrealismo y del teatro del absurdo (Magritte, Ionesco, Beckett), atmósfera kafkiana y claustrofóbica.

I. S. G. – Metro cubico forma con El gran atasco y Büro la Trilogía del hombre moderno producido por Kubik Fabrik. ¿Cuáles son los ejes comunes de los tres espectáculos en el plano de la estética escénica y en el de la problemática tratada?

F. S. C. – Como en Metro cúbico, en El Gran atasco hay un elemento escénico central, determinante: el coche. Las acciones están centradas dentro y alrededor de él. En Büro el elemento central es una construcción de cartones desplegable que evoca una torre de oficinas.

Las tres obras proponen una visión irónica y surrealista de la realidad cotidiana en la sociedad moderna. Los personajes son seres anónimos semejantes a cualquier otro.

En Metro cúbico un hombre se dispone a instalarse en su nuevo hogar y descubre las dimensiones del sitio, 1’5 m2, en el que va a intentar  organizar su vida cotidiana. Todos los pequeños aspectos de la rutina cotidiana se vuelven cada vez auténticos retos de dimensión épica. El espectáculo refleja el modo de vivir, la situación claustrofóbica, opresiva, los diferentes tipos de violencia que hacen de un individuo un ser atemorizado y dócil.

El gran atasco muestra cómo la rutina de la vida de la pareja de protagonistas puede hacerles felices, pero sin avanzar.

Büro es una visión kafkiana de los conflictos burocráticos, surrealistas que componen una buena parte de nuestra vida cotidiana personal y profesional. Cómo reaccionamos y nos ubicamos en estas situaciones conflictivas.

I. S. G. – ¿Puedes explicar los motivos profundos de tu iniciativa de fundar Kubik Fabrik precisamente en un momento cuando, con la crisis, varias salas han cerrado?

F. S. C. – Hace cinco años alquilé este espacio en la zona industrial de la periferia de Madrid para establecer mi compañía, tener un sitio donde pudiera yo investigar de manera personal.

Al principio no estaba concebido como una sala de teatro sino como una sala de ensayos.

Poco a poco cuando fui transformando el espacio me di cuenta que el proyecto podría ser más amplio y abrirse a otras compañías y a otros amigos profesionales que estaban haciendo trabajos interesantes. Y además de la sala de teatro mi idea fui que las compañías cuando vienen se sientan como en casa.

I. S. G. – ¿Cuáles son las bases económicas de Kubik Fabrik?

F. S. C. – Cuando tenía mi propia compañía entre 2004 y 2010, funcionaba a través de ayudas o coproducciones pequeñas, muy artesanales.

Gracias al éxito de Metro cúbico que me ha permitido girar por todo el mundo tuve la posibilidad de autofinanciar nuestros otros espectáculos.

Había que restaurar esta sala de teatro con muchas inversiones en obras, en mantenimiento. En un tiempo de crisis fue muy complicado que unas instituciones pudieran subvencionar este tipo de proyecto. Justo en el verano 2014 llega una propuesta muy interesante por parte de una productora de teatro y de cine que ha producido Ocho apellidos vascos y nos propuso asociarnos. Es un socio con un discurso sobre una manera diferente de ver el teatro y cómo producirlo. Hemos conseguido juntar por mi parte y por la suya financiaciones para que el proyecto de la sala tenga muchísima variedad. Porque va a tener más relevancia. Aparte de ser una sala que programa va a afirmarse como una plataforma para talentos y creadores emergentes que podrán desarrollar aquí su trabajo.

I. S. G. – ¿Qué ha cambiado con esta nueva colaboración?

F. S. C. – Hemos dado un paso más allá con laboratorios de creación en los que proponemos a cuatro creadores cada año   hacer seis meses de proceso creativo en forma de laboratorio y les dotamos de un sueldo cada mes de 1500 €, así como de 20000 € para que sean como responsables de laboratorio y produzcan un espectáculo. Ahora, un paso más ha sido la colaboración con el Centro Dramático Nacional.

Los laboratorios que acaban la producción  van a exhibirla al Centro Dramático Nacional que también participa en los procesos creativos haciendo talleres en el Teatro María Guerrero, en las salas de ensayos que tienen.

I. S. G. – ¿Cómo has desarrollado esta plataforma para los creadores emergentes?

F. S. C. – Poco a poco hemos iniciado unas colaboraciones con instituciones que permiten crear puentes entre los creadores emergentes y los circuitos. Es una plataforma para presentar al gran público trabajos para que no se queden en situación precaria.

La llave del proyecto en sí es profesionalizar a estos creadores que tienen un modo de trabajo muy precario.

I. S. G. – Has puesto en marcha unos proyectos de intercambios con compañías en el extranjero…

F. S. C. – Hemos puesto en marcha una colaboración de intercambio en México. Estamos hermanados con el Teatro Colochos 45 con quien intercambiamos espectáculos y en Francia con el Teatro Toujours à l'horizon en La Rochelle quien va a venir aquí en junio para trabajar con Lucia Miranda, una de las creadoras de los laboratorios de Kubik y luego irá ella a trabajar con el equipo de La Rochelle.

Es un intercambio creativo: presentarán su espectáculo aquí y nosotros llevaremos un espectáculo nuestro el año próximo a La Rochelle.

Hay también otras propuestas interesantes en Francia, en Alemania, en Berlín, en  materia de la danza. Y un proyecto con Japón, pero ponerlo en marcha es muy complicado. 

I. S. G. – Desde  el principio has otorgado a Kubik una identidad abierta, pluridisciplinar…

F. S. C. – La idea es que en estos laboratorios los creadores que coinciden en el tiempo unan todas las energías. Es decir que los laboratorios se alimenten entre ellos. Por ejemplo, ahora mismo está Lucía Miranda; tiene un proyecto de Casa de muñecas, sobre Nora en la España de  1959, y Antonio Ruz, coreógrafo, hace un trabajo diferente pero entre ellos se ha creado un discurso para que la danza y el teatro establezcan de alguna manera un punto de unión en las investigaciones.

Se han separado mucho la danza y el teatro y actualmente tanto en el mundo del teatro como en el de la danza se está intentando cambiar de lenguaje e investigar fórmulas mixtas: el trabajo del cuerpo o los bailarines están empezando a introducir textos en las coreografías.

La música también se mezcla con el teatro igual que con la danza.

Por ejemplo, Antonio Ruz va a trabajar con músicos en directo.

Aparte de todos estos laboratorios, como sala seguimos ofreciendo una programación de compañías con espectáculos de circo, teatro para niños, una oferta muy amplia… El público del barrio igual que el de Madrid demanda todos estos tipos de espectáculos.

I. S. G. – ¿Cómo eliges los proyectos para tu programación? ¿Hay un seguimiento del trabajo de las compañías que has invitado?

F. S. C. – Trabajo con gente muy afín a nuestra manera de ver el teatro. Casi siempre son gente con lo que he coincidido trabajando en el pasado, que tiene el mismo discurso sobre la creación de nuevos públicos.

El trabajo de Kubik como teatro del barrio está basado sobre el concepto de comunidad. Y tanto en los laboratorios como en la programación lo que intentamos es que las compañías y los creadores que vengan se impliquen no solo para mostrar su trabajo sino en la gestión cultural que proporciona cercanía con el público local.

De hecho, los equipos de estos laboratorios de creación trabajan también conmigo en la gestión cultural con actividades en la biblioteca o educacionales con los colegios y talleres. Que no solo vengan aquí a hacer su trabajo como artistas sino que se involucren en el ámbito más social donde precisamente converge la cultura.

I. S. G. – ¿De qué manera has integrado a los vecinos de Kubik en su trabajo? ¿Qué proyectos has desarrollado con ellos?

F. S. C. – Son proyectos como por ejemplo Storywalker que hicimos el año pasado.  Consisten precisamente en sacar el teatro a la calle, pero no haciendo teatro en sentido estricto, sino a través de una aplicación móvil que tiene un mapa del barrio en la que la persona que lo baja va a escuchar las historias que han sucedido. Si algo ha ocurrido en un bar va allí y escucha con el móvil como si fuera radioteatro.

Es un concepto muy interesante porque permite llegar a un público más amplio y que la cultura se pueda entender de otra manera.

Estas historias que se cuentan son historias que nos han contado los vecinos y que dramaturgos conocidos como Miguel del Arco, Alfredo Sanzol, Denise Despeyroux han ficcionado, y actores también conocidos han hecho de esto teatro.

Hay allí muchas capas que se mezclan y se entrelazan: por una parte los creadores que tienen un discurso ciudadano contando las historias del barrio y por otra parte se revitaliza el barrio casi de una manera turística porque la gente va a conocerlo no por sus monumentos sino por sus historias.

Es interesante también que la gente entienda la cultura en diferentes niveles no solo por la excelencia de lo que se cuenta sino por lo que puede aportar a los ciudadanos que un artista escriba sus historias y cree esta memoria histórica o identidad propia que tenemos en comunidad.

Por otra parte los vecinos pueden asistir a unos ensayos de compañías, dialogar con los artistas, opinar sobre su trabajo. También la gente viene con propuestas, por ejemplo de ciclos de cine, etc…

Este teatro es un espacio abierto hacia el entorno y no un espacio elitista en que solo se presenta una programación. Está abierto a que la gente opine de manera activa sobre su trabajo. Hay varios proyectos que proceden de Kubik feed back sobre danza, croquis o laboratorios.

Ciertos días hay encuentros con el público del barrio, del centro o profesional, que vienen a ver procesos creativos que no están acabados y puede dar su opinión. Y luego, a veces, el creador puede recogerlos y cambiar el camino de la obra de teatro basándose un poco en la opinión de la gente.

De esta manera se crea un intercambio muy rico para el creador porque sale un poco de su burbuja y por otra parte permite al público participar de una manera creativa en unos espectáculos.

Asi la gente se apropia de su cultura y no es un mero espectador que se sienta en la silla.

Vamos de lo más concreto, es decir de la identidad del barrio en el mismo momento, a una identidad de la ciudad y del país.

La cultura es la identidad de lo que somos cada uno y de lo que compartimos en nuestro entorno. En los discursos de cualquier partido político la cultura tendría que ser un valor fundamental.

El acceso a la cultura pasa por un esfuerzo educacional y aquí lo hacemos con colegios, con "escuela de espectadores", en Usera, que participan en las actividades.

En estos años de crisis y de recortes en la educación no se ha hecho ningún proyecto respecto a la cultura.

Porque no es suficiente con hacer solo campañas escolares para que los niños vayan a ver un espectáculo y ya está, sino que hay que implicarles y esto crea la afición por la cultura.

I. S. G. – Has programado en abril 2015 dos espectáculos: Latente de Compañía Paola Quintana y Ternura negra de Compañía Denise Despeyroux, ambos en el marco del Festival Madrid Surge. ¿Cuál es tu opinión sobre esta iniciativa?

F. S. C. – El Festival Madrid Surge está organizado por la Comunidad de Madrid con la intención de mostrar la actividad de los teatros de la ciudad. En mi opinión personal es realmente una apuesta válida porque el circuito necesita más promoción. Pero por otra parte se intenta visualizar tanto con pocas inversiones en la producción que muchas veces esta apuesta se convierte más en una propaganda de que se apoya a la cultura pero en realidad no es un apoyo a la cultura.

A las compañías que están en el Festival Madrid Surge se las da 1500 € para estrenar una obra cuando la producción vale muchísimo más, en torno a los 10 o 15 mil €.

Es decir que el Festival financia únicamente el 10 % de esta producción. Lo que se está haciendo al crear este tipo de Festival es animar a la gente a que produzca dentro de la precariedad. Este escaparate o este "boom creativo" en Madrid contribuye a fomentar la precarización de este sector.

Sería mucho más interesante  hacer otro tipo de festivales como había antes, con menos espectáculos pero que se financien con más dinero las producciones y sea más sostenible y profesional.

Esto es un error de concepto político o cultural: querer repartir el dinero entre todo el mundo cuando es más efectivo elegir algunos proyectos fuertes que tengan  sostenibilidad.

I. S. G. – ¿Tus proyectos?

F. S. C. – Ahora mismo lo más importante es esta asociación con la zona. El teatro deja de llamarse Kubik Fabrik para llamarse ZonaKubik porque de esta forma queremos dar un paso más en esa dirección.

Para este proyecto de laboratorios es necesario convencer tanto al público como a las instituciones públicas, a distribuidores, a productores, de que es interesante invertir de manera eficaz en proyectos concretos que tengan procesos de creación más largos. Así, el creador puede investigar, equivocarse, volver a empezar y crear espectáculos de mayor calidad con mayor sentido, tomando todo el tiempo para pensar lo que quiere hacer. Con lo cual mi intención es cambiar esos modelos de producción, crear este puente entre las off y un teatro muchísimo más visible,  intentar crear las bases para salir de la precarización.

Es un proyecto a largo plazo

I. S. G. – ¿Cuál es tu política de la programación de Kubik por la temporada próxima?

F. S. C. – Lo que intentamos es ayudar a los creadores que necesitan un espacio, que no tienen así que esperar un año para presentar sus producciones. Por eso no hago un calendario muy extenso porque quiero que la programación tenga esta frescura de las cosas inmediatas.

Vendrán dos espectáculos internacionales: uno de la compañía francesa de La Rochelle con la nueva obra de José Ramón Fernández J'attendrai y el otro de la compañía Colochos 45 de Mexico.

Voy también poner de pie las historias de Storywalker en un espectáculo Vidas cruzadas en el barrio y a adaptar la novela de Eduardo Mendoza Sin noticias de Gurb.

 

[La primera fotografía és del Colectivo Armadillo: las otras dos, de Paula Anta]